Área de Diversidad y Género: "El acoso callejero también es violencia de género"
Generalmente asociamos a la violencia de género con un golpe o daño físico, pero hay muchas situaciones que también son violencia y a veces, por falta de conocimiento sobre las mismas, pasan desapercibidas y no se denuncian.
De acuerdo a la Ley 5.742 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, “se entiende por Acoso Sexual en espacios públicos o de acceso público a las conductas físicas o verbales de naturaleza o connotación sexual, basadas en el género, identidad y/u orientación sexual, realizadas por una o más personas en contra de otra u otras, quienes no desean o rechazan estas conductas en tanto afectan su dignidad, sus derechos fundamentales como la libertad, integridad y libre tránsito, creando en ellas intimidación, hostilidad, degradación, humillación o un ambiente ofensivo en los espacios públicos y en los espacios privados de acceso público.”
Dentro de las conductas que entran en la categoría de acoso sexual, encontramos los comentarios sexuales, las fotos y grabaciones hechas sin consentimiento, el contacto físico inapropiado sin consentimiento, acciones de persecución o arrinconamiento, hacer gestos obscenos, mostrar partes genitales del cuerpo, las miradas lascivas y los silbidos.
De acuerdo al Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile, “las prácticas de acoso sexual callejero son sufridas de manera sistemática, en especial por las mujeres, ocurriendo varias veces al día desde aproximadamente los 12 años, lo que genera traumatización no solo por hechos de acoso especialmente graves, sino por su recurrencia.”
¿Por qué esto es violencia? Porque es una práctica no deseada y causa un impacto psicológico que tiene consecuencias. Los efectos de estas situaciones perturban la vida cotidiana de las mujeres, haciendo que por ejemplo cambien los recorridos habituales por miedo a reencontrarse con el o los agresores. El temor a estas situaciones hace que la mujer no pueda caminar sola por la calle, sino que prefiera hacerlo en compañía. A veces, hasta modifica la forma de vestir para intentar disminuir el acoso y también puede cambiar los horarios en los que anda por la calle.
Todas las personas tenemos derecho a transitar libremente independiente del contexto, la edad, la hora del día o la ropa que ocupemos. No hay excusas ni justificaciones para el acoso sexual callejero.
El piropo, que forma parte de la cultura machista, es un tipo de violencia de género, ya que refleja en el espacio público la desigualdad de poder entre hombres y mujeres. Generalmente esto se ha aceptado como un “halago” a la mujer, pero debemos dejar en claro que no lo es. Al decirle un piropo a una persona, sin que ella lo quiera, se está incurriendo en violencia. Que un piropo suene “agradable” no debe ser argumento para tolerar esta vulneración de derechos. Y es necesario denunciarlo. Quienes están acostumbrados a acosar, deben saber que están ejerciendo violencia sexual.
Las mujeres que son víctimas de estas situaciones, no deben sentir culpa o vergüenza ya que nunca es su culpa.
Este tipo de violencia es una manifestación más del machismo como fenómeno social que vulnera derechos y causa daños. Cada persona tiene derecho a expresarse como le parezca, siempre y cuando eso no atropelle la libertad del resto.


Autor: Mgter. Claudio Pilot (Referente del Área de Diversidad y Género - Facultad de Psicología)
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